Algunas veces cuando despertamos creemos que no es fácil proseguir, quizás la nostalgia nos atrapa justo cuando tenemos las ganas de recomenzar. Pues, la fragilidad de un sentimiento suele apoderarse de los recuerdos y así como la distancia se adueña del tiempo perdido, la fragilidad pretende quitar de tus objetivos la meta prioritaria.

 

Mi principal inquietud -siempre- fue saber ¿qué relación tiene la vida con el destino?
Coincidencias determinadas, circunstancias predestinadas y hasta teorías de voluntad pueden surgir en esta discusión; sin embargo, consecuentemente la vida se encarga de resolver algunos dilemas, la vida es quien se encarga de encajar y reconocer el presente.

 

Sí, la vida es tiempo presente que digiere la historia y le resta importancia a los condicionamientos que el destino pudo haberle puesto a tu camino.

 

La única fuerza que nos permitirá cumplir con los retos y metas establecidas es el miedo a fracasar, si esa fuerza que nos sorprende cada vez que frente a un espejo suele gritarnos con sabiduría: avanza que la casualidad no es una elección, avanza que la decisión es el estímulo real para continuar, avanza que la vida no es el destino obligado, avanza que la vida no es la herencia de contextos inusuales o inclinaciones conceptuales.

 

Como ley mandatoria debes saber que la vida sigue con o sin destino prefabricado, la vida sigue porque la confianza interna jamás te deja como un ser abandonado.

 

Finalmente, somos responsables de nuestra propia historia.

 

Posdata: Inspirado y dedicado en quien tiene ese don de recordarte que la transparencia del alma no sólo es de un niño…

 

Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego
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