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La del estribo


Lógico parecían las circunstancias

que aseguraba un comportamiento dual;

más, cuando las decisiones resistidas argumentaron imprudencias

quedó demostrado que para la teoría advertida

no se estimaron las diferencias aludidas…

 

Si en el planteamiento existía  un aviso previo

si en el resumen existían advertencias -motivos sin función,

entonces, sólo quiero preguntarte -soledad-,

¿por qué decidiste darle oportunidad al sentimiento?

 

Todo termina con una lágrima compartida

una derrota -nuestra derrota- ¿jugaste corazón…?

Como siempre hace presencia el silencio

aquel silencio que calcina -presume…,

y tu mirada, una mirada que describe un reclamo -hiriente.

 

Sabes que hubiera preferido estar contigo,

ser el soporte que tú eres para mí,

ser tu fuerza para continuar…

Pero, existe una necesidad de alejarnos -lo sé-

 

Nada, sólo brindemos por lo que nos queda

una pendiente negativa de una sostenida angustia;

algo presuntamente cierto -inusual,

algo que nos unirá para siempre -un adiós…

 

Autor: Lilia Quituisaca Samaniego

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Singular aviso


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Convirtiendo la imaginación que despierta,
existencia amilanada,
sin demostración definida -continua realidad.

No me detengo a mencionar sentencias,
cuando te pierdes en el silencio más obvio,
como respuesta a un singular sentimiento.

Oh!, cuando te miro sonreír -dulce encanto.

¿Tiempos difíciles? Inexistentes contigo,
un beso, un abrazo -tus palabras…,
pregón reiterativo como antesala indomable.

Así, nos comportamos, cuál improvisada aceptación,
será que antes de todo esto, ¿estuvimos Tu y Yo?
Dejando pendiente una estructurada decisión…

Autor: Lilia Quituisaca Samaniego

Tu camino, mi destino


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Interrogante inusual -estado sentimental.
Nada puedo contestar, quizá tu silencio, y
la despedida -argumenten la respuesta.

Mientras, tanto seamos indiferentes a la tristeza
esa tristeza influyente que nuestras miradas reflejan.

¡Cuántas lunas compartidas, implícito despertar delirante..!
A su debido tiempo -engranajes que no calzan.

Llegará el día, nuestra mirada reflejará -sentimientos.
¿De qué servirá querernos tanto?

Resumiendo la inesperada situación -valió la pena la escapada-
historia, momentos, minutos -nuestros recuerdos-

Al final, escondido como una tardía pretensión aparece -tu camino,
está bien, nos escapamos, así suele ser -mi destino.

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Siento que te quiero


siento que te quiero

Generando latidos -mi corazón-, un atípico tic tac
está sintonizando una frecuencia de atónito desvelo
realidad inesperada, hoy se impulsa sin temor.

Tiempo emergente, sujeto a tu presencia, insólita cuestión;
retenerte en recuerdos, palabras, gestos… Así, tan de repente,
ordenándose en detalle nuestros sentimientos -escapatoria final-

Ya no aparecen sentencias ni arrepentimientos, estamos aquí,
anhelando que dicha confesión, no sea un simple cumplido.

Por alguna extraña razón has cambiado mi vida,
no me propuse quererte, sin embargo tienes un cierto misterio
que envuelve mi vida de ilusión, -no hace falta comprobación-

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Cuestionamiento vano


 

Escondido entre el recuerdo

sin merecimiento alguno aparece el reclamo.

 

Así, se expresa la intolerable hidalguía

consumiendo el sendero aproximado…

 

Ingenio presumido, prudencia innecesaria

simples contradicciones generadas

por la enésima figura que aún ronda la espera.

 

La nostalgia no se imagina tal desmedro,

burla inoportuna de la incipiente relación que no acaba.

 

Y como si la importancia no bastara

todavía -me pregunta por ti-

preámbulo impuesto de un juramento circunstancial.

 

Radical ir-respeto de aquel camino solitario –ultrajada calma-

que agoniza en la mirada insinuante del destino.

 

Nos hizo falta algo más de historia,

conciencia dividida en atuendos inertes –apariencia-

 

 

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

¿Qué te vas?, te fuiste


 
 
No hablemos de prudencia -angustia calcinada-, 
tu estrategia ha caducado por descuido -casi muerta-
 
¡Qué una despedida más nos acompañe…!
Lo reclamas -sin sentido- apostaste a lo prohibido.
 
¡Qué el juego sin problema lo ganarías…!
Ingenua pretensión que invocabas -anochecer vivido-
 
Huellas encaminadas de cálida existencia
del recuerdo que no admite olvido de momentos.
 
Música de composición ufana -perdida-
versos hilvanados con fulgores primitivos.
 
Imágenes recurrentes que delatan la nostalgia 
no se ha fijado en tiempos ni argumentos.
 
Una lágrima recorre desaforada tu universo, 
vacilante pronunciación, -tu despedida- 
 
Un campo arrebolado de sensaciones ganadas
se interponen -umbral- que no admite discusión.
 
¿Qué te vas? pregunto cual sentencia,
aturdida réplica -te vas-, al fin -te fuiste-
 
 
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

A tu recuerdo


 Si antes te amaba con locura –fuerza platónica del destino–

hoy comprendo que jamás dejé de hacerlo,

más aún sabiendo que me recuerdas…

 

El lunar que resalta tu rostro fue mi perdición

y aunque nuestros destinos son caminos separados

en mi corazón sigue plasmándose con fuerza tu nombre…

 

Muchas veces sujetaba el ímpetu de besarte

y no tan sólo decirte en poemas lo que siento.

¿Qué te quise? con el alma y tú lo sabes,

mi delirio siente viva la esperanza…

 

Quiero que la mirada nos invite

a devolvernos el amor que creímos haber perdido,

no será fácil el silencio que debemos vencer,

pues tú y yo nos dejamos arrastrar por la soledad

y pretendimos aceptar que buscando otro amor

acabaríamos con la rutina de recordarnos –pasión–

 

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

LLORANDO


Sí, enamorada de tu imagen
tu sonrisa, ¡enamorada¡,
lo predico siempre…

¿Cómo imaginé amarte tanto?
¡No lo comprendo!, si mis labios
tristemente humedecidos,
claman tu nombre, hasta saciarse
de un dulce veneno mortal.

Llegué a pensar que mi vida
sin tu recuerdo no existiría;
hoy descubro que: ¡te quiero,
sí, te quiero, te quiero!, ¡¡pero,
no te amo!!.

Llorando incansablemente
gotas fugaces de rocío
reconozco mi tragedia.

¿Qué culpa tengo?,
si, mi corazón no te olvida,
dime, ¿qué culpa tengo?,
si mi pensamiento sueña contigo;
dime por favor, ¿qué culpa tengo
de añorarte tanto?.

¡¡Dímelo, estoy llorando!!

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia